Sere corría detrás de las niñas mayores porque quería sencillamente jugar con ellas pero ni la hacían caso ni se percataban de que Sere las admiraba.
Quizás por eso Sere se acomodó a la eterna situación de jugar sola en el patio, en el colegio, en casa donde era la única chica orgullo de su padre.
Pasaba mucho tiempo sola mientras los demás trabajaban, y sin control de ningún tipo visitaba todos los días los canales internacionales, desde Tegucigalpa hasta Samoa. El mundo le parecía grande e inmenso como el mar que nunca había visto y que quizás nunca vería.
Un día de esos que jugaba sola se lo encontró y lo convirtió en su amuleto, le gustaba porque era pequeñito y le recordaba a los bebes que veía en la tele. Jugaba a que era su hijito y lo llevaba debajo de su ropa para que los demás no supieran que existía. Viendo los canales del otro lado del mundo, supo su nombre y que un día terminado en cinco era su cumpleaños y se alegró mucho por su muñeco.
Todavía se emociono más aun si cabe, cuando supo que en muchos más sitios del mundo celebraban su cumpleaños y ella quiso hacerle por su cumpleaños un pastel especial.
Sere nunca mas hizo pasteles ni ayudó mucho en las tareas de la casa. Apenas después de aquello sirvió para nada según su familia.
Ella nunca entendió porque su padre hinchado de ira y de odio, la pegó brutalmente el día del cumpleaños de su hijito, porque la agarró y le cortó la mano para que aprendiera segun: suerte tienes que solo ha sido la izquierda.
Ella sangraba , su hijito temblaba bajo las ropas, nunca lo encontraron.
Ahora Sere vive con su niñito lejos del sitio que la vio nacer, sin mucha historia que contar sobre su vida. Celebra con sus amigas, las limpiadoras de la fábrica, el cumpleaños de su hijito. El resto del año, solo siente que se le resiente el muñón y que odia el mundo grande e inmenso que ella no puede alcanzar.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
martes, 9 de diciembre de 2008
LA TRADICION
Detesto esa celebración recurrente que es el nacimiento de Jesús. Odio ese fervor grotesco y absurdo que agita a mis congéneres en esta época del año, marcado por una locura consumista e incomprensible que empieza un mes antes y continúa con las rebajas de enero.
Aborrezco el mofletudo y grotesco personaje de Papá Noel, sobre el que me gustaría recordar que nunca existió y cuya figura, día tras día en estas fechas, se cuela por todas las rendijas de nuestra vida mostrándose machaconamente en la televisión, en las tiendas, en las vallas publicitarias e incluso en Internet.
Nunca logrará nadie convencerme de que estos días están consagrados, por tradición, a la generosidad, al amor al prójimo y a los festejos, condenando a todo el mundo a llevarse tan bien.
Para mí, las Navidades son fechas para el recuerdo. A diferencia de otras familias, en mi casa nunca hubo un árbol de navidad con luces, bolas y espumillón, ni un pequeño nacimiento con sus figuritas de barro, Tampoco había cena especial en Nochebuena. No era la tradición. La tradición era que mi padre se emborrachara como tantas otras noches y acabara insultando y pegando a mi madre. Hasta aquella noche del 24 de diciembre en la que le pegó tanto, tanto, que ya no pudo volver a pegarle más. Me contaron que Jesús se la había llevado a un lugar donde sería muy feliz y no sufriría más...
Sabréis disculpar si no os deseo a todos una feliz navidad.
Aborrezco el mofletudo y grotesco personaje de Papá Noel, sobre el que me gustaría recordar que nunca existió y cuya figura, día tras día en estas fechas, se cuela por todas las rendijas de nuestra vida mostrándose machaconamente en la televisión, en las tiendas, en las vallas publicitarias e incluso en Internet.
Nunca logrará nadie convencerme de que estos días están consagrados, por tradición, a la generosidad, al amor al prójimo y a los festejos, condenando a todo el mundo a llevarse tan bien.
Para mí, las Navidades son fechas para el recuerdo. A diferencia de otras familias, en mi casa nunca hubo un árbol de navidad con luces, bolas y espumillón, ni un pequeño nacimiento con sus figuritas de barro, Tampoco había cena especial en Nochebuena. No era la tradición. La tradición era que mi padre se emborrachara como tantas otras noches y acabara insultando y pegando a mi madre. Hasta aquella noche del 24 de diciembre en la que le pegó tanto, tanto, que ya no pudo volver a pegarle más. Me contaron que Jesús se la había llevado a un lugar donde sería muy feliz y no sufriría más...
Sabréis disculpar si no os deseo a todos una feliz navidad.
EL TRABAJO
Siempre quise saber que sentían los que sienten, que piensan los que piensan y que cosas hacen los que hacen cosas.
Mi trabajo siempre ha estado bien remunerado y con poca competencia en candidatos pero esta vez, aún sin sentir, sin pensar y con poco que hacer porque bien es verdad que la jornada laboral en mi caso resulta breve, han decidido complicarme la noche del 24 de diciembre.
El caso que cuento es breve, sólo debía esperar que la familia Llorente llegara a casa de los Segarra para su opípara cena navideña del 24. Yo en cambio, me quedaba sin cenar y sin compañía. Sólo, en una habitación de un piso en el edificio de enfrente que estaba frio y húmedo. Esperé mirando detrás de las cortinas y después de tres cuartos de hora les vi llegar. Eduardito con un pito en la boca y Gerardo con una zambomba. La Sra. Llorente con su abultado mutón marrón y el Sr. Llorente con abrigo y bufanda a juego.
Abrí la ventana un poco y cuando le tuve a tiro sonó un petardo.
En fin, que el trabajito había concluido. Otra nochebuena trabajando. Concluyo mi reflexión comentando que ser asesino a sueldo no te lleva demasiadas horas semanales pero puede que te toque trabajar algún que otro festivo.
Me vuelvo a casa sin ganas de cenar, sin sentir, sin pensar y de nuevo sin nada más que hacer.
Mi trabajo siempre ha estado bien remunerado y con poca competencia en candidatos pero esta vez, aún sin sentir, sin pensar y con poco que hacer porque bien es verdad que la jornada laboral en mi caso resulta breve, han decidido complicarme la noche del 24 de diciembre.
El caso que cuento es breve, sólo debía esperar que la familia Llorente llegara a casa de los Segarra para su opípara cena navideña del 24. Yo en cambio, me quedaba sin cenar y sin compañía. Sólo, en una habitación de un piso en el edificio de enfrente que estaba frio y húmedo. Esperé mirando detrás de las cortinas y después de tres cuartos de hora les vi llegar. Eduardito con un pito en la boca y Gerardo con una zambomba. La Sra. Llorente con su abultado mutón marrón y el Sr. Llorente con abrigo y bufanda a juego.
Abrí la ventana un poco y cuando le tuve a tiro sonó un petardo.
En fin, que el trabajito había concluido. Otra nochebuena trabajando. Concluyo mi reflexión comentando que ser asesino a sueldo no te lleva demasiadas horas semanales pero puede que te toque trabajar algún que otro festivo.
Me vuelvo a casa sin ganas de cenar, sin sentir, sin pensar y de nuevo sin nada más que hacer.
ACCION EJECUTIVA
Me paré abruptamente y contuve el aliento mientras ponía toda mi atención en escuchar los sutiles sonidos que rebotaban en las paredes y producían por reverberación ecos extraños y malignos. Avancé lentamente dejando a mi izquierda la pared y al otro lado una tenebrosa oscuridad, preñada de sombras informes y corrientes heladas que movían los visillos como si de formas vivientes se tratara.
Mis pasos hacían crujir la madera y los dientes se apretaban unos contra otros, rechinando en un esfuerzo por controlar los nervios tensos como el acero. Me adelanté unos metros y llegue ante una puerta abierta. Con infinito cuidado y asomando sólo unos milímetros miré dentro de la estancia, que se reveló solitaria y polvorienta.
Suspiré profundamente, y tras tomar fuerza continué con mi sigiloso camino a lo largo del pasillo, tratando de fundirme con la pared y avanzando tan silenciosamente como una pluma deslizándose por un camisón de raso.
Repentinamente, sentí un tirón en el borde de la falda y me quedé completamente inmóvil mientras el corazón pugnaba por salirse de mi pecho. Volví la cabeza lentamente y vi que un clavo saliente de la pared había enganchado el dobladillo de la prenda. Un estremecimiento de alivio corrió a lo largo de mi cuerpo, y mientras cerraba los ojos traté de recuperar el autocontrol que por un momento había perdido.
Sujeté con más fuerza el pesado objeto de madera y metal que llevaba en las manos y comprobé con horror que todo mi cuerpo estaba cubierto de una película de sudor, pegajosa de polvo y con un cierto olorcillo rancio.
Tienes que conservar la calma, tienes que conservar la calma ….. susurré varias veces como si de un “mantra” se tratara. Deslicé la mano a lo largo de la pared y solté el pedazo de tejido atrapado en el metálico saliente.
Continué con todo el aplomo que me quedaba y me acerque donde un rayo de luz lunar proyectado a través del hueco de una puerta abierta, mostraba sombras en movimiento y una serie de ruidos chirriantes que sólo pude describir como de arrastre y desgarramiento.
Mi avance se ralentizó aún más. Acerqué mi cara al marco de la puerta y con una lentitud infinita miré dentro de la estancia. Divisé una forma rotunda moviéndose cerca de la chimenea y otras con extrañas angulosidades capilares agitándose nerviosamente en diferentes direcciones.
Tras una profunda inspiración, arrastré mi arma por el piso y tumbada tras la puerta apunté cuidadosamente a las formas móviles. Mientras la cruz de la mira se situaba sobre una de las cabezas, sentí como el sudor brotaba profusamente de mi frente y formando un riachuelo sobre las cejas se precipitaba sobre los ojos bloqueando momentáneamente la visión. Aparté las gotas con un movimiento nervioso, y volví a centrar mi vista sobre la mira telescópica.
Los acontecimientos se sucedieron con una aceleración demoníaca. En rápida sucesión lancé una granizada de proyectiles sobre los bultos, que lanzaron agónicos gemidos entre nubes de humo de pólvora quemada. Golpes de caída, muebles desplazados y blasfemias e imprecaciones llenaron la estancia durante unos segundos de completa confusión.
Esperé un par de minutos a que se aclarara el humo, y tras comprobar que nada se movía entré decidida en la habitación.
En la parte más cercana a la ventana, unos bultos palpitantes yacían amontonados unos sobre otros desprendiendo una densa humareda desde su pelo ennegrecido por la pólvora.
Me acerqué a la chimenea donde una forma grande y colorida se encontraba tendida boca abajo. Con el cañón de mi arma empujé el bulto y lo puse boca arriba. Una espesa y larga barba blanca parcialmente enrojecida de sangre se deslizó a lo largo de su vestimenta.
Una intensa descarga de adrenalina fluyó por mis venas y electrizó todo mi cuerpo….
¡¡¡¡ MALDITO PAPA NOEL, YA NO VOLVERAS A LLEVARTE LOS JUGUETES DE MIS NIÑOS ¡!!!!!!!!
Mis pasos hacían crujir la madera y los dientes se apretaban unos contra otros, rechinando en un esfuerzo por controlar los nervios tensos como el acero. Me adelanté unos metros y llegue ante una puerta abierta. Con infinito cuidado y asomando sólo unos milímetros miré dentro de la estancia, que se reveló solitaria y polvorienta.
Suspiré profundamente, y tras tomar fuerza continué con mi sigiloso camino a lo largo del pasillo, tratando de fundirme con la pared y avanzando tan silenciosamente como una pluma deslizándose por un camisón de raso.
Repentinamente, sentí un tirón en el borde de la falda y me quedé completamente inmóvil mientras el corazón pugnaba por salirse de mi pecho. Volví la cabeza lentamente y vi que un clavo saliente de la pared había enganchado el dobladillo de la prenda. Un estremecimiento de alivio corrió a lo largo de mi cuerpo, y mientras cerraba los ojos traté de recuperar el autocontrol que por un momento había perdido.
Sujeté con más fuerza el pesado objeto de madera y metal que llevaba en las manos y comprobé con horror que todo mi cuerpo estaba cubierto de una película de sudor, pegajosa de polvo y con un cierto olorcillo rancio.
Tienes que conservar la calma, tienes que conservar la calma ….. susurré varias veces como si de un “mantra” se tratara. Deslicé la mano a lo largo de la pared y solté el pedazo de tejido atrapado en el metálico saliente.
Continué con todo el aplomo que me quedaba y me acerque donde un rayo de luz lunar proyectado a través del hueco de una puerta abierta, mostraba sombras en movimiento y una serie de ruidos chirriantes que sólo pude describir como de arrastre y desgarramiento.
Mi avance se ralentizó aún más. Acerqué mi cara al marco de la puerta y con una lentitud infinita miré dentro de la estancia. Divisé una forma rotunda moviéndose cerca de la chimenea y otras con extrañas angulosidades capilares agitándose nerviosamente en diferentes direcciones.
Tras una profunda inspiración, arrastré mi arma por el piso y tumbada tras la puerta apunté cuidadosamente a las formas móviles. Mientras la cruz de la mira se situaba sobre una de las cabezas, sentí como el sudor brotaba profusamente de mi frente y formando un riachuelo sobre las cejas se precipitaba sobre los ojos bloqueando momentáneamente la visión. Aparté las gotas con un movimiento nervioso, y volví a centrar mi vista sobre la mira telescópica.
Los acontecimientos se sucedieron con una aceleración demoníaca. En rápida sucesión lancé una granizada de proyectiles sobre los bultos, que lanzaron agónicos gemidos entre nubes de humo de pólvora quemada. Golpes de caída, muebles desplazados y blasfemias e imprecaciones llenaron la estancia durante unos segundos de completa confusión.
Esperé un par de minutos a que se aclarara el humo, y tras comprobar que nada se movía entré decidida en la habitación.
En la parte más cercana a la ventana, unos bultos palpitantes yacían amontonados unos sobre otros desprendiendo una densa humareda desde su pelo ennegrecido por la pólvora.
Me acerqué a la chimenea donde una forma grande y colorida se encontraba tendida boca abajo. Con el cañón de mi arma empujé el bulto y lo puse boca arriba. Una espesa y larga barba blanca parcialmente enrojecida de sangre se deslizó a lo largo de su vestimenta.
Una intensa descarga de adrenalina fluyó por mis venas y electrizó todo mi cuerpo….
¡¡¡¡ MALDITO PAPA NOEL, YA NO VOLVERAS A LLEVARTE LOS JUGUETES DE MIS NIÑOS ¡!!!!!!!!
FE-CUNDACION
La anunciación llegó en forma de “Predictor”. Quité el capuchón del ala, seguí las instrucciones de uso y recé en vano mientras iba apareciendo el temido color rosáceo. Hice cuentas una vez más hacia atrás, y luego 40 semanas hacía delante… 25 de diciembre. Ya es casualidad.
El móvil me sacó de mi ensimismamiento en forma de vibración. Vaya momento. Me coloqué la sonrisa y descolgué. No en vano era toda una experta en fingir cuando de José se trataba. ¡Y pensar en la cantidad de fantasías que habían despertado en mí aquellas manos de ebanista!
¡La virgen! ¿Qué iba a hacer ahora? La sonrisa ¡La sonrisa! Mis respuestas automáticas obtuvieron la tregua deseada. Sí, me siento mejor, gracias-acerté a decir…-te quiero. Hasta luego.
Intenté entonces contactar con Teo. Dios, ¿dónde te has metido?, ¿por qué no contestas? Mejor no contar con él. El señor Importante siempre está demasiado ocupado. Está claro que estoy sola en esto. Sola con un bebé. ¿Y José? Es tan buena persona, tan inocente. Un santo en vida, solía decir mi madre. Él sí que sería un buen padre, de poder serlo. Nunca habíamos pasado de las manos, de los besos, de las caricias… y lo que era peor, su veneración por Teo era aun más fuerte que la mía.
Milagrosamente, llegamos los tres a un consenso tejido de mentiras e intrigas. A José le conté una película sobre la fecundación in-vitro que aceptó con fe ciega. Teo me animó como nadie a que siguiera con su amigo y me gustaría decir que desapareció, aunque sé que de algún modo estará con nosotros siempre. No en vano el niño es su vivo retrato.
En cuanto al bebé, José y yo nos pasamos las horas mirándolo con devoción. Tenerle ahí si que tiene sentido. Jesús ha nacido para iluminarlo todo.
El móvil me sacó de mi ensimismamiento en forma de vibración. Vaya momento. Me coloqué la sonrisa y descolgué. No en vano era toda una experta en fingir cuando de José se trataba. ¡Y pensar en la cantidad de fantasías que habían despertado en mí aquellas manos de ebanista!
¡La virgen! ¿Qué iba a hacer ahora? La sonrisa ¡La sonrisa! Mis respuestas automáticas obtuvieron la tregua deseada. Sí, me siento mejor, gracias-acerté a decir…-te quiero. Hasta luego.
Intenté entonces contactar con Teo. Dios, ¿dónde te has metido?, ¿por qué no contestas? Mejor no contar con él. El señor Importante siempre está demasiado ocupado. Está claro que estoy sola en esto. Sola con un bebé. ¿Y José? Es tan buena persona, tan inocente. Un santo en vida, solía decir mi madre. Él sí que sería un buen padre, de poder serlo. Nunca habíamos pasado de las manos, de los besos, de las caricias… y lo que era peor, su veneración por Teo era aun más fuerte que la mía.
Milagrosamente, llegamos los tres a un consenso tejido de mentiras e intrigas. A José le conté una película sobre la fecundación in-vitro que aceptó con fe ciega. Teo me animó como nadie a que siguiera con su amigo y me gustaría decir que desapareció, aunque sé que de algún modo estará con nosotros siempre. No en vano el niño es su vivo retrato.
En cuanto al bebé, José y yo nos pasamos las horas mirándolo con devoción. Tenerle ahí si que tiene sentido. Jesús ha nacido para iluminarlo todo.
EL ENCUENTRO
La mañana era fría. Sabía que arriesgaba mucho pero no podía esperar mas. Cogíó el tren. La distancia de treinta kilómetros desde Madrid sería más llevadera así, pensó. El camino se le hizo realmente corto. Eran tantos y tantos los mensajes recibidos. Anhelaba comprobar sí la suavidad y blancura que adivinaba eran realmente ciertas.
Una y otra vez volvían las imágenes a su cabeza. Toda la felicidad del mundo le esperaba allí. El tren estaba casi vació. Bajo la ventanilla para que el aire fresco de la Sierra entrará. Su pulso golpeaba la sien por el nerviosismo. Podían verle en cualquier momento y arriesgaba mucho. Sintió una caricia helada que le alivió momentáneamente, al tiempo que el tren se detenía. Había llegado.
Miro impaciente por la ventanilla. No estaba allí. Bajo y recorríó impaciente el anden pero allí no estaba. Nervioso entro en la pequeña estación y rápidamente se dirigió a la puerta principal.
Es allí, fuera y en la misma escalera donde le esperaba.
Se acercó despacio. La tocó. Entre sus manos, sentía como sí se derritiese al apretarla fuertemente. No podía imaginar tanta ternura ni nada de lo que conocía antes se parecia a aquello. Cerro los ojos. Y penso en todo lo que había pasado hasta ese momento.
Oyó una voz a su espalda:
- Buenos días. Incorporese por favor. ¿Su documentación?
Se giró. Un policia vestido de azul le miraba entre extrañado y desafiante.
Se puso de pie.Sabía lo que suponía esa frase.
Siguió apretando la nieve en su mano más negra que nunca.
Los controles son mayores en los sitios pequeños y no tenía trabajo ni papeles.
No pudo evitar buscarla. No se resistía a no regalarse al menos el tacto de la misma nieve de la que todos disfrutan en la Navidad, sobre la que al parecer viajan obsequios en trineos que luego adornan árboles llenos de guirnaldas de colores.
Miró fijamente la calle cubierta de nieve blanquísima, tratando de retenerla en su memoria y comenzó a andar despacio tras el ufano policía.
Una y otra vez volvían las imágenes a su cabeza. Toda la felicidad del mundo le esperaba allí. El tren estaba casi vació. Bajo la ventanilla para que el aire fresco de la Sierra entrará. Su pulso golpeaba la sien por el nerviosismo. Podían verle en cualquier momento y arriesgaba mucho. Sintió una caricia helada que le alivió momentáneamente, al tiempo que el tren se detenía. Había llegado.
Miro impaciente por la ventanilla. No estaba allí. Bajo y recorríó impaciente el anden pero allí no estaba. Nervioso entro en la pequeña estación y rápidamente se dirigió a la puerta principal.
Es allí, fuera y en la misma escalera donde le esperaba.
Se acercó despacio. La tocó. Entre sus manos, sentía como sí se derritiese al apretarla fuertemente. No podía imaginar tanta ternura ni nada de lo que conocía antes se parecia a aquello. Cerro los ojos. Y penso en todo lo que había pasado hasta ese momento.
Oyó una voz a su espalda:
- Buenos días. Incorporese por favor. ¿Su documentación?
Se giró. Un policia vestido de azul le miraba entre extrañado y desafiante.
Se puso de pie.Sabía lo que suponía esa frase.
Siguió apretando la nieve en su mano más negra que nunca.
Los controles son mayores en los sitios pequeños y no tenía trabajo ni papeles.
No pudo evitar buscarla. No se resistía a no regalarse al menos el tacto de la misma nieve de la que todos disfrutan en la Navidad, sobre la que al parecer viajan obsequios en trineos que luego adornan árboles llenos de guirnaldas de colores.
Miró fijamente la calle cubierta de nieve blanquísima, tratando de retenerla en su memoria y comenzó a andar despacio tras el ufano policía.
UNA NAVIDAD CUALQUIERA
“¡Queridos Reyes Magos!”. Así era como empezaba las cartas cuando era niña ¿verdad? Creo que después de 30 años no está mal que os comunique el porqué de mi silencio; nunca volví a escribir para explicároslo.
Se acababa de estrenar un nuevo año y todo empezó, ¿o debería decir?, todo acabó con la visión de aquella intrusa sobre mi cama.
Mis padres no entendían cómo una niña que casi nunca lloraba lo hiciera en ese momento de aquel modo; ¡qué simples se creen los algunas veces los padres que son los niños! Sus caras de incomprensión y culpabilidad también me herían,
- ¿Es que no te gusta? Pero si anda, como la que tú pediste; la otra era muy cara.
Pero la otra andaba sola, tenía un muñeco más pequeño entre los brazos, y además, se llamaba Marta.
Esto fue el principio de otras muchas cosas que pasarían por mi cabeza en aquellos momentos.
El día anterior a vuestra no llegada, un día frío de invierno, defendí mi ilusión, y la que suponía la verdad de mis padres, ante la insistencia de mi amiga por convencerme de lo que ella ya sabía.
Ya nunca volvería a acostarme la víspera intentando imaginar por dónde entrabais y durmiéndome convencida de que era inverosímil que eso ocurriera.
Aquel llanto era todo un símbolo.
Me diréis que todo esto está muy bien, pero ¿no voy a pediros nada?, pues no. No penséis que me faltan deseos ¡qué va! Pero lo que quiero para mí, soy yo la que tengo que poner los medios para conseguirlo y lo que deseo para el mundo, eso ya es más complicado, solo los que vivimos en este momento tenemos posibilidad de alguna influencia.
Y con todo el respeto que tengo al pasado, a la Historia, a la que vosotros también pertenecéis, me despido deseando que vuestra idea haga feliz a muchos niños; y que el descubrimiento de la verdad, en ese como en otros momentos de sus vidas, no sea para nada, doloroso.
Se acababa de estrenar un nuevo año y todo empezó, ¿o debería decir?, todo acabó con la visión de aquella intrusa sobre mi cama.
Mis padres no entendían cómo una niña que casi nunca lloraba lo hiciera en ese momento de aquel modo; ¡qué simples se creen los algunas veces los padres que son los niños! Sus caras de incomprensión y culpabilidad también me herían,
- ¿Es que no te gusta? Pero si anda, como la que tú pediste; la otra era muy cara.
Pero la otra andaba sola, tenía un muñeco más pequeño entre los brazos, y además, se llamaba Marta.
Esto fue el principio de otras muchas cosas que pasarían por mi cabeza en aquellos momentos.
El día anterior a vuestra no llegada, un día frío de invierno, defendí mi ilusión, y la que suponía la verdad de mis padres, ante la insistencia de mi amiga por convencerme de lo que ella ya sabía.
Ya nunca volvería a acostarme la víspera intentando imaginar por dónde entrabais y durmiéndome convencida de que era inverosímil que eso ocurriera.
Aquel llanto era todo un símbolo.
Me diréis que todo esto está muy bien, pero ¿no voy a pediros nada?, pues no. No penséis que me faltan deseos ¡qué va! Pero lo que quiero para mí, soy yo la que tengo que poner los medios para conseguirlo y lo que deseo para el mundo, eso ya es más complicado, solo los que vivimos en este momento tenemos posibilidad de alguna influencia.
Y con todo el respeto que tengo al pasado, a la Historia, a la que vosotros también pertenecéis, me despido deseando que vuestra idea haga feliz a muchos niños; y que el descubrimiento de la verdad, en ese como en otros momentos de sus vidas, no sea para nada, doloroso.
martes, 2 de diciembre de 2008
Concurso Relatos "ANTINAVIDAD"

Se convoca el 1er concurso de relatos sobre la "Antinavidad" del Club del Libro.
Se trata de escribir una narración original e inédita con las siguientes características:
- - Tema "La Antinavidad". ( Lo contrario a la Navidad tradicional, el lado oscuro de la Navidad).
- - Extensión máxima de 500 palabras.
- - Envio de originales a más tardar el dia 9 de Diciembre a las 20:00, a la dirección de correo electrónico: fernando.manzano@ubs.com
- - Se publicarán el el Blog del Club del Libro el dia 10 de Diciembre.
- - Se podrá votar hasta el dia 12 de Diciembre a las 14:00.
- - Se emitirán tres votos por persona de manera obligatoria ( no se admite votar sólo 1 ó 2 de las narraciones).
- - El resultado se dará en el cena del dia 12 de Diciembre a las 21:30, que tendrá lugar en el Restaurante "La Fondue de Tell" C\ Divino Pastor, 12.(Cerca del Café Ruíz).
Animaros a concursar....... ¡¡¡¡ El Club del Libro os necesita !!!!!!!
PROXIMA REUNION: 19 de Enero: "GROUCHO Y YO"
Nos vemos en 2009, el 19 de enero y el día 12 de diciembre para cerrar el año,nos veremos en una cena suiza, en esa especie de refugio alpino con fondue de queso cerca de nuestro centro de tertulias.
miércoles, 29 de octubre de 2008
NUEVA CITA: 24 LUNES DE NOVIEMBRE: "EL EXTRANJERO" DE CAMUS
Ayer comentamos la obra de Camus: gustó en general aunque el personaje central no fué muy del agrado de los lectores, se criticó que hay varias partes del libro que no están bien expresadas o descritas. Reproduzco unos textos que envía Maite y que arrojan bastante luz.
La obra de Camus advierte sobre el hombre que se está creando. Es una denuncia frente a una sociedad que olvida al individuo y le priva de un sentimiento de pertenencia activa en la comunidad. Fue premonitorio respecto al ciudadano occidental que se encontrará la sociedad tras la II Guerra Mundial.
Camus escribió una obra provocadora en cuyo trasfondo aparece el rostro desgarrado de una Europa herida y violada por dos guerras mundiales, pintó una historia gris donde el paisaje está oscurecido por la extirpación de cualquier pasión o voluntad del hombre.
Meursault es el personaje que encarna ese sentimiento de profunda apatía por todo lo que le rodea haciéndose de manera más ostensible en la actitud ante la muerte de su madre,…pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que después de todo, nada había cambiado…
Meursault personifica la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino, ni el matrimonio, ni la amistad, ni la superación personal, ni la muerte de una madre... nada tenía la suficiente importancia ya que la angustia existencial de este antihéroe inundaba todo su ser.
Así su ateísmo estaba justificado, la vida no tenía ningún sentido fuera de uno mismo, la confianza en fuerzas externas a él mismo le producía una sensación de caída hacia el abismo de lo incierto.
La búsqueda de la felicidad no se hallaba en esa religión, ni en la confianza en una sociedad cuyos mecanismos y leyes son desconocidos al individuo, la felicidad se encontraba en uno mismo, en la seguridad de la propia existencia, en la conciencia de ser y cuyo fin es el mismo conocimiento del ser.
…ninguna de sus certidumbres valía más que un cabello de mujer […] yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba a llegar. Si era lo único que tenía…
Meursault se transforma así en un extranjero que juzga y remueve los fantasmas de una sociedad angustiada, cuya moral, carente de sentido, regula la vida de un todo social. Esa moral que condena a muerte de igual manera a un hombre que no llora la muerte de una madre que a un asesino,
En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su propia madre corre el peligro de ser sentenciado a muerte por la sociedad…
esa muerte que resulta ser la única opción posible para consumar la búsqueda de la propia existencia
Guía moral e intelectual de la generación llegada a la madurez entre las ruinas, la frustación y la desesperanza de la Europa de la postguerra, Albert Camus (1913-1960) saltó a la fama con la publicación, en 1942, de esta obra.
La obra de Camus advierte sobre el hombre que se está creando. Es una denuncia frente a una sociedad que olvida al individuo y le priva de un sentimiento de pertenencia activa en la comunidad. Fue premonitorio respecto al ciudadano occidental que se encontrará la sociedad tras la II Guerra Mundial.
Camus escribió una obra provocadora en cuyo trasfondo aparece el rostro desgarrado de una Europa herida y violada por dos guerras mundiales, pintó una historia gris donde el paisaje está oscurecido por la extirpación de cualquier pasión o voluntad del hombre.
Meursault es el personaje que encarna ese sentimiento de profunda apatía por todo lo que le rodea haciéndose de manera más ostensible en la actitud ante la muerte de su madre,…pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que después de todo, nada había cambiado…
Meursault personifica la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino, ni el matrimonio, ni la amistad, ni la superación personal, ni la muerte de una madre... nada tenía la suficiente importancia ya que la angustia existencial de este antihéroe inundaba todo su ser.
Así su ateísmo estaba justificado, la vida no tenía ningún sentido fuera de uno mismo, la confianza en fuerzas externas a él mismo le producía una sensación de caída hacia el abismo de lo incierto.
La búsqueda de la felicidad no se hallaba en esa religión, ni en la confianza en una sociedad cuyos mecanismos y leyes son desconocidos al individuo, la felicidad se encontraba en uno mismo, en la seguridad de la propia existencia, en la conciencia de ser y cuyo fin es el mismo conocimiento del ser.
…ninguna de sus certidumbres valía más que un cabello de mujer […] yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba a llegar. Si era lo único que tenía…
Meursault se transforma así en un extranjero que juzga y remueve los fantasmas de una sociedad angustiada, cuya moral, carente de sentido, regula la vida de un todo social. Esa moral que condena a muerte de igual manera a un hombre que no llora la muerte de una madre que a un asesino,
En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su propia madre corre el peligro de ser sentenciado a muerte por la sociedad…
esa muerte que resulta ser la única opción posible para consumar la búsqueda de la propia existencia
Guía moral e intelectual de la generación llegada a la madurez entre las ruinas, la frustación y la desesperanza de la Europa de la postguerra, Albert Camus (1913-1960) saltó a la fama con la publicación, en 1942, de esta obra.
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